ENSAYO

DAÑOS COLATERALES

Zygmunt Bauman

(Fondo de Cultura Económica- Buenos Aires)

El gran valor que tienen los libros de Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades), no reside en una aceptación masiva, ni siquiera mayoritaria, sino en el alto piso de respeto con que son recibidos. En algún sentido, y a riesgo de cometerse una osadía, podría afirmarse que si se pretende entender las sociedades contemporáneas, o cuanto menos registrar sus grandes trazos, los principales indicadores de su complejidad, se vuelve imposible pasar por alto el pensamiento de Bauman. O sea: se puede coincidir con Bauman o se puede disentir de Bauman, pero lo que no se puede, o no se debe, es ignorar el pensamiento de Bauman y presumir que no existe un sociólogo de su fecundidad y de su potencia, que ahora, con Daños Colaterales, pone el dedo en una llaga de agenda de vigorosa actualidad: la desigualdad social o, en todo caso, cuánto hay de evitable y cuánto de inevitable en una desigualdad social igual de extendida que sobreentendida por víctimas y victimarios.

Bauman observa que la desigualdad se concibe como un producido meramente económico y estadístico, pero se omiten las acechanzas a la salud mental y física de la población, que de forma ulterior lesionan lo más positivo del compromiso político y, por añadidura, la fortaleza del lazo social en sí. Al tiempo, cuestiona severamente la criminalización de los pobres en tanto candidatos "naturales" al daño colateral. Por un lado se los excluye, se les niega la posibilidad de disponer de un empleo, etcétera, y por otro lado se los estigmatiza. Llegado este punto analiza a fondo la secuencia que va del ágora al mercado, entendido, el ágora, como ese espacio de comunión que damos en llamar "democracia"; y entendido, el mercado, como esa gigantesca abstracción reguladora de economías, aspiraciones de bienestar, jerarquías.

Cualidad descartable
Abocado a una genealogía de los derechos sociales y a echar luz en la tensión "privatización versus derechos sociales", Bauman establece críticamente que los individuos de este tiempo se ven forzados a idear soluciones individuales a problemas sociales y que el Estado es "cada menos capaz de prometer seguridad existencial a sus súbditos" (sic). O sea, prisioneros de la ferocidad del mercado y de la desidia del Estado, los individuos corren tras la zanahoria del consumo y padecen, entre otros lastres, el síndrome de la insatisfacción permanente y la amenaza de devenir "cualidad descartable". He allí, a decir del pensador polaco, uno de los más graves problemas del siglo XXI.

Pero en todo caso estas líneas no son más que recortes de recortes, matices de matices acerca de un texto pleno de ensayos ilustrativos y polémicos, viceversa, en dosis tan generosas como las que nos tiene acostumbrado el autor de La posmodernidad y sus descontentos, Modernidad líquida, Vida líquida, Tiempos líquidos, La sociedad sitiada y Vida de consumo, sólo por enumerar algunas de las piezas más destacadas de una obra infatigable e inestimable.

WALTER VARGAS
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